Salmos 50:15 ¨ E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás.¨
Qué maravilla es ´poder estar reunidos para estudiar la palabra de Dios, así como nadie sobrevive sin alimento físico, nadie sobrevivirá, ni llegara al cielo, sin el alimento espiritual. El texto que encabeza este material, nos invita a depender más de Dios.
Este texto de hoy, es maravilloso, el mismo fue extraído, de un verso de Asaf, además de este salmo, Asaf, compuso más salmos, 12 de ellos son clasificados, como de su autoría, de su paternidad literaria. Y este es un salmo de instrucción, el habla de nuestra esencia, de nuestro culto de adoración a Dios. Debemos alabar al Señor siempre, pero, tengamos la certeza de que en los días de tribulación, el es tan digno de ser adorado, como en los días en que todo está bien, nuestra adoración no debe ser esporádica, y, circunstancial, eso no demostraría madurez espiritual, ¿Cuántas veces pasamos días, meses, y, años, intentando resolver algo que nos perturba?. En lugar, de invocar a nuestro Padre Celestial, para que nos ayude. ¿Cuánto tiempo perdemos dando una ligera arreglada a nuestros problemas?, en lugar de correr hacia nuestro alto refugio, que es el Señor, nuestro Dios, solo él puede librarnos, traer sanidad, consuelo. Muchas veces sufrimos porque no invocamos al Señor, nuestro Dios. A veces, vivimos muy ocupados, en resolver nuestros problemas, o, al menos intentando resolverlos, que terminamos olvidándonos de lo principal, que es invocar al Señor. ¿Qué nos dice la Biblia al referirse a invocar?. Invocar es recurrir, pedir auxilio, es clamar. La gran mayoría de los cristianos, piensan que invocar al Señor, es lo mismo que orar, y, aunque invocar es una especie de oración, pero no es simplemente orar. La palabra Hebraica, que es traducida por invocar, significa gritar. Mientras la palabra griega, usada para traducir invocar, significa llamar a una persona por su nombre, es llamar a una persona audiblemente, y, aunque la oración pueda ser silenciosa, el invocar precisa ser audible, entonces, invoquemos el nombre del Señor, que siempre, estará dispuesto a oírnos.
Oremos:
Padre, queremos invocar tu nombre en esta hora, y, suplicar que tu gracia, y, tu bondad, alcancen nuestros corazones, y, nos ayude en nuestra preparación para el cielo, Quedate con nosotros siempre. Oramos en nombre de Cristo.
Amén.
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